EL COLO LA REPARTE

Asociaciones de paintball, yachts clubs, clubes con equipos profesionales de fútbol y básquet o un Consejo de Ciencias Económicas provincial. Todo entra en la lista de dádivas con la que Carlos Javier MacAllister recorre el país bajo el paraguas del programa Clubes Argentino, un plan de la Secretaría de Deporte de la Nación por el que dispensó $ 260 millones en 20 meses sin una estrategia clara y con mucho de populismo.

Colo Morales

En su gira por el país, MacAllister pasó por Jujuy y posó con el gobernador Gerardo Morales.

Descontrol, populismo y demagogia se unen en la puesta en marcha del programa Clubes Argentinos, un plan que surge desde la Secretaría de Deporte de la Nación con el fin de brindar apoyo económico para mejorar las instalaciones de la institución o adquirir material deportivo. Pero que, en la práctica, se trata de una canilla de dádivas públicas a instituciones de diverso tipo sin un control sistémico.

El valor político que Mauricio Macri le dio a Carlos Javier MacAllister quedó en claro no sólo cuando lo ungió al frente de la SDN sino en la movida que se oficializó con el decreto 513/2017 que desarmó el Ministerio de Educación y Deportes (quedó como Educación a secas) enviando a la SDN a la órbita de la Secretaría General de la Presidencia, a cargo Fernando De Andreis (ver link), manteniendo al asesoría informal de Fernando Marín para monitorear la labor del Colo MacAllister (ver link).

Lo que se “vendió” como un reconocimiento a la labor del exdefensor es, en realidad, una marca a presión tras el desgobierno que mostró en su primer año de gestión (ver link) y una forma de utilizarlo como peón en las negociaciones políticas de Cambiemos. De hecho, MacAllister se ha tomado tan a pecho su tarea que en el último mes no sólo pasó ocho días en La Pampa haciendo proselitismo con el precandidato a diputado nacional Martín Maquieyra sino que, tal como quedó registrado en redes sociales, usó las oficinas del tercer piso del Cenard para encontrarse con Maquieyra y hacer tareas de campaña en horario de trabajo.

La utilidad que ha demostrado MacAllister para el Macrismo ha sido, paradojalmente, hacer algo en contra de uno de los puntos fuertes que llevaron a Macri a la presidencia. Si el heredero del Grupo Socma se cansó de repetir que cortaría los gastos superfluos o innecesarios, para su mal (o bien) el Colo se dedicó a repartir por los clubes de la república una suma que, en menos de dos años de gestión, sobrepasa los 260 millones de pesos entregados de manera discrecional y casi sin contralor.

El programa Clubes Argentinos se puso en marcha en 2016 para apoyar a los llamados Clubes de Barrio y de Pueblo, que la Ley Nº 27.098 define como “asociaciones civiles sin fines de lucro, que tengan por objeto el desarrollo de actividades deportivas no profesionales”. Básicamente, de lo que se trata este programa es que los clubes que presenten una somera documentación en la página del proyecto (tan precaria que ni siquiera cuenta con un listado de las entidades que engloba) pueden hacerse acreedores a cheques que van desde 50.000 a 150.000 para realizar obras o comprar materiales deportivos. Fuentes consultadas en clubes de tres distritos nacionales que recibieron estas ayudas coincidieron en que el destino de los fondos depende de las buenas intenciones de los directivos de cada institución antes que de un contralor desde SDN ya que no existe una oficina de auditoría in situ. “Sólo nos piden que mandemos las facturas de gastos, nadie viene a ver qué hacemos. Es fácil: yo te agarro a un albañil y le digo que con las 50 o 100 lucas que nos dieron me haga el piso nuevo de la cancha de baby fútbol. O puedo decirle que me levante un quincho en mi casa. La factura va a ser la misma, depende de mi buena leche”, graficó en estricto off un referente de un club del GBA.

La falta de un programa de fondos específicos en su primer año de gestión no fue un escollo para MacAllister que recortó dineros de otros proyectos para transferirlos al programa Clubes Argentinos. Así pudo dar 3.094 subsidios por una suma aproximada de $156 millones, el 20% de lo que había ejecutado al 31 de diciembre último. Los fondos se consiguieron gracias a la consecuente labor de Vanesa Berkowski –procesada en su paso por la primera gestión de Macri en CABA a partir de sus responsabilidades en el derrumbe mortal del boliche Beara-, quien con su cargo de coordinadora operativa es el último dique en la SDN para aprobar o recortar con mano de hierro cualquier gasto, desde la construcción de un polideportivo hasta la compra de insumos para las oficinas de Miguel Sánchez 1050.

Este año, pese al recorte global que sufrió la cartera (pasó de tener disponibles $1.310 millones en 2016 a disponer de $1.015 en 2017), logró introducir el Programa 21 que con el título de Fomento a Clubes Deportivos y Sociales cuenta con un disponible anual de gastos de $ 292 millones, el 29% del total, convirtiéndose en el programa que más fondos dispone, aún más que los reservados para alto rendimiento ($ 229 millones) o becas deportivas ($ 220 millones).

Berkowski, quien en el organigrama ocupa simultáneamente el rol de Coordinadora de Gestión de Clubes Deportivos, parece no haberle puesto los mismos límites a este programa que el que demuestra en otros casos. Una búsqueda a los informes periodísticos (el Sitio del Ciudadano que el Ministerio de Hacienda tiene para auditar las cuentas públicas, de manera llamativa no incluye al Programa 21) demuestra que en 2017 MacAllister -o alguno de sus funcionarios secundarios- tomaron parte de 37 actos públicos de entrega de fondos a 1.346 instituciones por un valor cercano a los $ 105 millones.

No sólo hubo mucho de proselitismo (en varios de ellos, MacAllister fue acompañado por ministros nacionales y no faltó el habitual cotillón de globos de colores y la caminata y timbrado por los barrios) sino que queda en claro el desmanejo con el que se dieron los fondos al analizar los nombres. En la lista de beneficiarios (contrario a lo que establece la Ley Nº 27.098) aparecen al menos 22 clubes que tienen actividad deportiva profesional en diversas categorías del fútbol de AFA y el básquet como Alvarado, Kimberley, Mercedes y Racing de Pergamino (Buenos Aires); Germinal y Deportivo Madryn (Chubut); Central Goya, Comunicaciones, Deportivo Madariaga y Sportivo Ferroviario (Corrientes); Atlético Uruguay (Entre Ríos); Talleres, Defensores de Fraile Pintado y Sociedad de Tiro y Gimnasia (Jujuy); Andino (La Rioja); San Martín, Palmira, Deportivo Rodeo del Medio y Luján Sport (Mendoza); Independiente (Neuquén); Independiente de Villa Obrera (San Juan), y Deportivo Victoria (Tierra del Fuego). Existen otros beneficiarios que difícilmente se adecuen, por estructura o fines, a la definición de “club de barrio” como Yacht Club Olivos, Club Atlético Banco de la Provincia de Buenos Aires, Mar del Plata Golf Club, Club Náutico Mar del Plata, Centro Hípico de General Pueyrredón, Sierra de los Padres Golf Club, Arrecifes Automóvil Club, Círculo Policial de la Provincia, La Lucila Polo Club, Country Club de Longchamps y Mercedes Golf Club (Buenos Aires); Palpalá Golf Club (Jujuy); Club Hípico Paraná, Yacht Club Entrerriano y Autódromo de Concepción del Uruguay (Entre Ríos); Asociación de Pilotos de Autocross (Tucumán); Jockey Club de San Juan y Huarpes Polo Club (San Juan) y Golf Club de Córdoba, hecho por el cual está acusado judicialmente el diputado PRO Héctor Baldassi por abuso de autoridad y malversación de caudales públicos (ver link). Otras, siquiera tienen actividades deportivas en su razón de ser como la Sociedad Colombófila Paloma Mensajera de Pergamino, el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de San Juan, la Asociación Civil Santiagueña de Paintball o la Agrupación de Aeromodelistas Puerto Madryn.

Para pintar de manera más grave la liviandad con la que se anuncian las donaciones y la falta de estrategia para su reparto, nada mejor que lo ocurrido en Capital. En febrero, MacAllister anunció en el Club Villa Sahores de Villa del Parque la entrega de fondos para la compra de 100 desfibriladores destinados a clubes porteños. Seis meses más tarde, al consultarse la lista de entidades que recibieron fondos para comprar los aparatos reanimadores, desde la Subsecretaría de Deportes de la Ciudad que está a cargo del extenista Luis Lobo, reconocieron que no habían repartido los $ 5 millones entre el posible centenar de clubes ya que no habían establecido el método para seleccionarla ni sabían aún cómo realizar el pago de los mismos.

No es el primer gazapo en el que se ve envuelto MacAllister con desfibriladores ya que como publicó La Voz 90.1, en 2016 la SDN declaró ganador de una licitación para proveer desfibriladores portátiles a una firma con un año de antigüedad que había presentado un llamativo presupuesto que inicialmente rondaba los $ 38 millones y finalmente se cerró en $ 18,6 millones.

ERNESTO RODRÍGUEZ III
@EPHECTO

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